Que me caiga un rayo, dijo la negrita y . . . que le cae

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Sin tener la fecha precisa pero calculo que habría sido allá por el mes de mayo en el año de 1960 cuando ocurrió el siguiente suceso:

En el Zihuatanejo de aquel entonces nuestra pequeña población se integraba fundamentalmente por el centro y dos colonias:

Las Salinas (también llamada de Los Hermanos, debido a que en esa zona vivía un grupo de Testigos de Jehová, quienes entre sí se decían hermanos, de ahí el nombre de la colonia) y como colonia más antigua y poblada estaba La Noria (actualmente Lázaro Cárdenas, si bien después de aproximadamente 40 años que se le cambió el nombre, aún se le sigue llamando con su nombre original).

La Noria era asiento de pobladores dedicados fundamentalmente a la pesca, pero también a las labores del campo, muchos de sus habitantes eran ejidatarios y en verdad trabajaban la tierra. El nombre le venía por un pozo artesiano que proveía de muy buena agua a la colonia y aún a los pobladores del centro. Ese pozo se supone que se abrió desde la época colonial, don Daniel Sotelo Pérez, quien era de principio del Siglo XX y algo tenía de cronista, comentaba que había escuchado comentarios de gente muy vieja que sabían que dicho pozo ya proveía de agua durante el Siglo XIX, sin que se sepa a ciencia cierta cuándo y por quién fue construido.

También, desde hace muchos años, junto al pozo aquel, muchas señoras de la colonia iban a lavar ropa, ya fuera propia o ajena, en ese entonces no era propio ver hombres realizando esa labor, como si lo es ahora. Las señoras que ahí se reunían tenían fama de ser mal habladas, parlanchinas en exceso y proclives a exagerar sus dichos hasta caer en las mentiras más absurdas, me comentan algunos amigos de mi generación que ellos gustaban de ir a escuchar las pláticas de aquellas mujeres, lo cual hacían a escondidas de sus papás, ya que no era conveniente que los niños escucharan una que otra leperada que aquellas mujeres proferían.

Entre las mujeres que ahí se reunían casi a diario, se encontraba una señora a quien todo mundo conocía como LA NEGRITA (el apodo no era un eufemismo, ya que era de piel un poco subida de color), cuyo nombre era NATIVIDAD GARCÍA PEREZ, pero a quien casi nadie conocía o identificaba así, yo que la conocí y traté muchos años, hasta últimas fechas lo supe, era de una conducta muy afectuosa y podría decir sin lugar a equivocarme, cariñosa para con mi familia, era compadre de mis papás quienes fueron padrinos de bautizo de su hija Minerva, estaba casada con don Chucho Valdovinos, ambos ya finados, ella era hija de un señor de Lázaro Cárdenas y de un amor de señora, vecina de nosotros en centro de Zihuatanejo, pared de por medio, de   nombre MARÍA PÉREZ, con quien nos unió amistad y cariño debido a su don de persona honrada, respetuosa y muy cariñosa, recuerdo que cuando se dirigía a alguien y sobre todo si era menor que ella, siempre le decía MI LINDO (A), vivió hasta muy entrada en años, yo la conocí sin esposo viviendo al lado de su último hijo, el buen amigo Víctor Solano Pérez (en sus primeros años era conocido tan sólo como VÍCTOR PÉREZ), quien también, siguiendo el ejemplo de su madre, se ha caracterizado por su trato amable y cariñoso, además de  persona que sabe honrar su palabra y apreciar a sus amigos, quien además, cabe señalar, ha ocupado casi todos los puestos de elección popular en nuestro Estado, así, fue Regidor con don Gumesindo García Martínez, Síndico Procurador con don Fidel Gutiérrez Gordillo, a quien sustituyó en la Presidencia Municipal de Zihuatanejo los últimos tres meses del trienio y Diputado Local, primero suplente y después sustituto.

Pero volvamos con LA NEGRITA, dicen que era un poco dada a exagerar en sus aseveraciones y una tarde, quizá del mes de mayo y tal vez del año de 1960, mientras estaba lavando ropa en los lavaderos de La Noria, con  el Sol a todo su esplendor, lo que favorecía aquella actividad para tener un buen blanqueo y secado de ropa y sin seña alguna de que fuera a llover, fue entonces que la negrita se aventó a decir algo que a todas luces era o una verdad a medias o una verdadera mentira, tan exagerada que sus comadres y compañeras de lavadero le dijeron que no podían creer lo que les estaba diciendo, ante lo cual LA NEGRITA se engalló y les dijo: si no es cierto lo que les estoy diciendo, que me caiga un rayo (habría pensado que al cabo ni nubes ni amenaza de lluvia había en el firmamento) y que creen… que acabando de decir aquello, que le cae un rayo, el cual la aventó al piso quedando inconsciente y herida, rápidamente sus amigos y vecinas la auxiliaron y la llevaron en andas o en una camilla improvisada (corrió la noticia rápido y yo, como muchos chamacos y personas adultas, fuimos a ver como la llevaban y darle así satisfacción a nuestro legítimo derecho al morbo) a que recibiera atención de un médico de origen haitiano llamado PRINCE CLEMENCEAU quien tenía su consultorio en la casa de huéspedes “JUVE”, propiedad de mi tía Juventina Campos Ibarra y que se ubicaba en la esquina de calle Agustín Ramírez y Pedro Ascencio, algunos días después, LA NEGRITA quedó totalmente restablecida y cuidándose mucho de no exagerar en sus aseveraciones y mayor cuidado tenía de no ratificar sus dichos con la frase QUE ME CAIGA  UNA RAYO.    

Por Rodrigo Campos Aburto

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