La fundación de Zacatula y el viaje de Zihuatanejo a las Islas Molucas en 1527

ZACATULA, EL CUITLATECAPAN Y ZIHUATANEJO CIHUATLÁN. De varias versiones que se manejan, hay una que dice que los Aztecas, inducidos por su dios Huitzilopochtli, (colibrí zurdo, o el que chupa la sangre), abandonaron su lugar de origen Aztlán, e iniciaron su diáspora aproximadamente en el año 1100. Aztlán, quiere decir lugar de garzas blancas o lugar de blancura y Azteca consecuentemente, significa pobladores de Aztlán.

viaje-de-Zihuatanejo-a-las-Islas-Molucas

Se dice que tal lugar estaba ubicado en los humedales del hoy estado de Nayarit, que es una zona baja inundable, donde existen grandes esteros y lagunas camaroneras y vastas zonas de manglares, donde viven y anidan muchísimas garzas blancas;  por ahí se ubica la isla y pueblo mágico de Mexcaltitán; la laguna Agua Brava, de 100 kilómetros de longitud, que  empieza en Nayarit y termina en Sinaloa; la tremendamente larga playa Novillero, donde abundan los tiburones, y San Blas, puerto pesquero del Pacífico que se aloja en un estero. 

Muy cerca, a 20 km, un poco al norte, está la Barra del Río Santiago que desemboca en el Océano Pacífico y  que ya después de pasar por el Lago de Chapala, en Jalisco y llamarse  Río Lerma, retoma su curso y adquiere el  nombre de Río Santiago, hasta llegar al mar en la costa nayarita.

Hubo un grupo minoritario de aztecas, que al iniciar su migración optaron por deambular con rumbo paralelo a la costa del Pacífico durante casi 100 años y existe información que asegura  que, en el año de 1200 aproximadamente, aquel grupo de aztecas arribaron a la desembocadura del Río Balsas y en ese lugar se establecieron y fundaron el reino de Zacatollan o Zacatula, que en náhuatl quiere decir “donde abunda el zacate de tule” y que posteriormente, llegaría a ser una gran ciudad y la capital del Cuitlatecapan, región de la costa que prosperó y transcurrido algún tiempo, llegó a alcanzar una longitud costera de 270 km aproximadamente, que va desde la población de San Luis la Loma, en la hoy llamada Costa Grande de Guerrero, hasta la boca del Rio Cachán en Michoacán, muy cerca de la ranchería de Huahua, o Guagua, y antes de Maruata, donde hoy en pleno 2014, todavía sobreviven a duras penas, pequeños grupos de aquellos Aztecas primigenios, después llamados Cuitlatecas, que aún conservan su idioma, el náhuatl, y que se mantienen precariamente del buceo y la pesca, y cuyos ancestros  partieron de Aztlán en Nayarit, en el año 1100.

Las condiciones para vivir que encontraron en la desembocadura del Balsas, eran las óptimas toda vez que ahí había un enorme  río, como no había otro, que descargaba al mar un gran caudal de agua buena, y que este vital líquido cubría por mucho, todas las necesidades para la subsistencia humana.

También el gran río, proporcionaba abundante pesca y agua para regar los sembradíos y para el aseo cotidiano. La delta del rio, entre sus varias islas, ofrecía  grandes espacios de tierras de superior calidad para sembrar toda clase de cultivos y de esa manera se lograba la capacidad suficiente para alimentar a todas las familias aztecas, que llegaron a morar en aquella región.

Con el correr de los años, aquel contingente de aztecas, que posteriormente se llamarían cuitlatecas, (nombre relacionado con el oro) creció y prosperó en todos los aspectos, al grado que cuando llegaron los españoles a la gran Tenochtitlán, el 8 de noviembre de 1519, habitaban tan solo en aquella zona de Zacatula, como 40,000 personas, razón por la que los conquistadores hispanos, considerando este gran potencial humano, por principios de cuentas, de inmediato determinaron establecer en aquel lugar de la costa, un astillero para construir las embarcaciones necesarias que les permitiera continuar ampliando sus conquistas hacia las islas del Poniente, o del Oriente, depende de donde se vean, y también les llamaban las islas Molucas, o de las especias, y que hoy pertenecen al archipiélago que forma la república de Indonesia, en el continente asiático, Océano Pacífico de por medio, a 15,000 kilómetros de distancia, casi al sur franco de Zihuatanejo. (Ver: 1527, de Zihuatanejo a Indonesia de Arturo Ríos Ruiz—Hernán Cortés y la mar del sur- M. León-Portilla).

El otro grupo mayoritario de Aztecas, que abandonó Aztlán, después de deambular por el centro del país, pasaron por Tula en el hoy estado de Hidalgo, y finalmente llegan a las orillas del lago de Texcoco en el año de 1325.

Al cabo de algún tiempo  y tras algunas vicisitudes logran fundar la gran Tenochtitlán (lugar de Ténoch), y a partir de entonces empiezan a llamarse indistintamente Aztecas o Mexicas.

Gracias a su mejor organización política y disposición guerrera, los Mexicas, ya integrados en la triple alianza, (Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan, 1430) se  convierten en el pueblo hegemónico que llega a dominar a toda la parte central ubicada entre el Golfo de México y el Océano Pacífico de lo que hoy es la república mexicana. El Huastecapan, el Totonacapan, por el lado del  golfo; el Mixtecapan, el Zapotecapan, y desde luego el Cuitlatecapan, en el litoral del Pacífico, fueron algunas de las regiones  sometidas por los Mexicas,  que periódica y puntualmente,  tenían que pagar tributo, es decir, una especie de impuestos más o menos igual que ahora. Según así lo menciona el códice mendocino.

Cuando por vez primera quedaron frente a frente el soberano azteca Moctezuma y Hernán Cortés (1521), la pregunta obligada del hispano al rey azteca, fue: ¿Dónde está el oro? Auxiliado en la traducción por la Malinche y por Jerónimo de Aguilar,  el cacique mexica sin ninguna malicia, le contestó:

“Que en la provincia que se llama Zacatula, que es por la banda del sur, y que está de aquella ciudad de 10 a 12 días de andadura, es una de las tres provincias donde había mucho  oro”.

(Historia de la conquista de Nueva España. Cap. CII. (102). Oro en náhuatl es teocuitlamatl, y en español significa, escremento de los dioses).

De inmediato Cortés, dispone que el soldado Gonzalo de Umbría, y otros dos soldados mineros se trasladen hacia aquella región, para verificar lo dicho por el tlatoani mexica.

Partiendo de Tenochtitlán, Umbría y sus acompañantes llegan a la orilla del mar del sur, a la altura de la comunidad de Juluchuca, en el municipio de Petatlán, al continuar el contingente avanzando por la costa  llegan y admiran por primera vez   la Bahía de Zihuatanejo y a Zacatula (desembocadura del río Balsas) poco después.

Al arribar a Zacatula, Gonzalo de Umbría, -como decíamos antes-, se quedó absorto pues cerca de 40,000  cristianos  moraban  en aquella región. En su cuarta carta de relación que Hernán Cortes le envía al rey de España el 15 de octubre de 1524, le informa de manera detallada de lo que descubren y especialmente le habla de la Bahía de Zihuatanejo, al que se refiere como buen puerto. Cabe mencionar que en 1528, el rey Carlos V, le otorga a Zacatula el título de Ciudad.

Hernán Cortés, interesado de sobremanera por la información que le proporcionan; de inmediato instruye a su primo Álvaro  Saavedra  Cerón,  que también era navegante, para que se traslade hasta la zona de Zacatula,  llevando carpinteros de rivera, y todo lo necesario para iniciar la construcción de tres embarcaciones que tuvieran la capacidad para cruzar el gran océano. Bullía sin cesar en la cabeza de Cortés la idea de conquistar nuevas tierras.

viaje-de-Zihuatanejo-a-las-Islas-Molucas-2

Es así que para fines del año de 1526, Álvaro Saavedra Cerón, navegando con tres nuevos navíos construidos en el astillero de Zacatula; Nao La Florida, (nave capitana), Nao La Santiago y Nao la Espíritu Santo, se lanzan  en un primer viaje de prueba, y alcanzan a llegar hasta las  Bahías de Manzanillo y Tsalahua, posteriormente regresan a Zihuatanejo, y empiezan a preparar el histórico y lejano viaje a las Islas Molucas.

Dice Bernal Díaz del Castillo, cronista de la conquista, que por orden del rey, la armada del capitán de mar y tierra,  Álvaro Saavedra Cerón, compuesta por los tres navíos, antes mencionados, después de encomendarse a dios, y oír misa,  zarpa de la Bahía de Sahuataneo (Zihuatanejo), con rumbo a las islas Molucas, o islas de las especias, en la víspera del día de muertos, es decir el 31 de octubre de 1527, con el encargo de socorrer si fuera necesario a la armada de fray Jofre García de Loaysa y Sebastián Caboto y conocer cuál fue el destino de la nao La Trinidad, nave capitana de Magallanes, y desde luego por  el descubrimiento y  conquista de nuevas tierras. Y para solventar los gastos del largo viaje, había que regresar con las bodegas de las naos, repletas de especias. Para efectos de navegación, solo se contaba con la intuición y el tanteo, y también con un instrumento, el astrolabio que era una especie de circunferencia de bronce de uno 60 centímetros de diámetro, que servía para medir el ángulo vertical entre el horizonte, y la estrella polar y el ángulo medido, correspondía a la latitud, es decir la distancia angular entre el ecuador, y el punto de observación.

Zarpa la armada de Álvaro de Saavedra y Cerón, como decíamos antes, desde la Bahía de Zihuatanejo en la fecha indicada por el escribano de a bordo Vicencio de Nápoli, (31 de octubre de 1527) dicha armada se compone de la nao capitana: “La Florida”, con 50 hombres, “La Santiago”, con 45 hombres, y el bergantín “Espíritu Santo”, con 15 hombres.

Sólo la nao capitana, “la Florida”, al mando de Saavedra, alcanza su destino 145 días después, al llegar el 27 de marzo de 1528 a la isla Tidore, que es una pequeña isla de origen volcánico casi de forma circular de aprox. 10 kilómetros de diámetro.

Finalmente habían llegado a las islas Molucas o islas de las especias. Lo primero que observaron semihundidos fueron los restos de la nao “La Trinidad” que fue abandonada por Sebastián Elcano (1521) toda vez que estaba en pésimas condiciones para navegar y no había personal para integrar la tripulación ya que muchos habían fallecido. También logra hacerse contacto con algunos miembros de la expedición de fray Jofre García de Loaysa, y se logra otro de los objetivos del viaje.

Después de someterla a una rigurosa reparación mayor y calafatear debidamente todas las vías de agua, remendar las velas rotas y colocar nuevas, etc.. etc., la nave capitana “La Florida”, queda más o menos en condiciones de volver a cruzar el gran océano, ahora de regreso a la Nueva España. Toda la tripulación bajo las órdenes del capitán Saavedra, ya reconstituida, se dispone a cargar hasta el tope todas las bodegas de la nao, con todos aquellos productos vegetales raros y sumamente apreciados que solamente en aquellas tierras de origen volcánico crecían y se reproducían de manera natural y ya secos y molidos, sirven para dar sabor y preservar los alimentos.

La pimienta, el clavo de olor, el orégano, el sésamo o ajonjolí, la canela, el azafrán, el comino, el tomillo, el eneldo, la nuez moscada, el anís, la mostaza, el cardamomo, el tamarindo, el jengibre, que también se llaman recaudos, fueron algunos de esos productos que la nao “La Florida” transportaría en su viaje de regreso a la Nueva España. Las especias o recaudos, era otra de las razones del viaje.

Felices y contentos con las bodegas de “La Florida” hasta el tope, zarpan de Tidore el 14 de junio de 1528, e inician la navegación casi por la misma ruta que habían llegado pero invertida; para su mala suerte, los vientos y las corrientes les son adversas y casi no les permiten avanzar en el rumbo trazado.

Tres veces intentaron regresar y otras tantas fracasaron, la desesperación, el hambre, el desánimo, los elementos en contra, vencieron al capitán de mar y tierra Álvaro de Saavedra y Cerón; dice la crónica, que tras encontrarse con una fuerte tempestad, muere el 8 de diciembre de 1529, y su cuerpo fue echado al mar, tenía don Álvaro, entre 35 y 40 años de edad. “La Florida” regresó a Tidore y no se supo más de ella. Habían transcurrido 2 años y 3 meses de aquella aventura  que comenzó en Zacatula, antigua capital del Cuitlatecapán y lugar donde Hernán Cortes, ordenó al soldado Gonzalo de Umbría establecer un astillero para construir embarcaciones. Hoy, en ese mismo lugar, se ubica el más importante puerto marítimo del Pacífico mexicano: Puerto Lázaro Cárdenas. Y es posible que la historia se repita porque existe (ahí en puerto Lázaro Cárdenas) el proyecto de construir barcos o buques, pero ahora serían de casco de acero, y de gran porte.

COMETARIOS

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *