La escultura de José Azueta

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La escultura de José Azueta, recién colocada en el RECINTO PORTUARIO, (no sabemos por quien, ni por qué en ese lugar), para conmemorar el 101 aniversario de la invasión de Veracruz, (21 de abril de 1914), por tropas gringas, (¿por quién más?), es un conjunto escultórico que desde cualquier ángulo que se vea, destila una feroz agresividad; la sensación que transmite a cualquier persona normal que la observa es de espanto y violencia, es beligerante, es muerte y es sangre, y nos trae de inmediato a nuestra mente la narcoviolencia cotidiana que prevalece en todo el  país, y particularmente en nuestro estado.

No debió colocarse en ese lugar, porque el espacio que ocupa, el conjunto escultórico, pertenece al llamado recinto portuario, es decir, es una área federal, no municipal, administrada por la capitanía de puerto. Sería bueno que la comisión de esculturas nos hiciera alguna aclaración al respecto.

Por el carácter que tiene el puerto de Zihuatanejo, de ser un destino turístico nacional e internacional, debemos pensar que todas las personas que nos visitan, vienen con la ilusión y la expectativa de que llegan a un lugar donde piensan que van a pasarla bien, y nosotros los zihuatanejenses, tenemos la obligación de ofrecerles el lugar y los medios para que se diviertan sanamente y para que disfruten de manera cabal su estancia en nuestro destino y que nuevamente regresen. Tenemos, asimismo, la obligación de ser amables con ellos, cuidarlos en las playas para que no se ahoguen, de informarles con detalle a dónde ir y qué hacer, en fin, de todas las bondades de nuestro destino. Zihuatanejo tiene sitios y playas muy bonitas y cada una tiene su propia historia.

Debemos ser sumamente cuidadosos de lo que ofrecemos al turismo: con ingenio y detalles arquitectónicos de buen gusto, debemos crear rincones agradables, transmitir al visitante la sensación de alegría, tranquilidad y paz; y si esto se logra, con seguridad siempre tendremos un Zihuatanejo abarrotado de turistas todo el año, y no ser un destino temporalero, como en una ocasión así lo dijo el gobernador Ruiz Massieu.

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Para empezar a crear el Zihuatanejo mágico que todos queremos, en varias ocasiones se ha propuesto que se rehabilite el Paseo del Pescador  desde  el muelle de turismo hasta el museo, y que se coloquen en todo su desarrollo algunas esculturas como la del navegante Álvaro Saavedra Cerón, la del buen amigo don Oliverio Maciel -el famoso rey Neptuno-, del compositor y cantante José Agustín Ramírez, el cantante zihuatanejense Héctor Galeana Serna (el gallo costeño); es decir, de personajes locales sencillos, que con su actitud y trabajo trataron de hacerle pasar momentos agradables a otros. Cabe decir que ese espacio ya lo engalana la escultura dedicada al pescador.

Después de todo lo anterior, y regresando con José Azueta, seguimos pensando que el sitio donde se colocó la estatua, el recinto portuario, no es el adecuado, esa parte es la llamada “patio de maniobras del muelle” y que tal zona tiene una finalidad específica y clara que, desde hace 60 años, dicho lugar ha estado invadido –indebidamente— por las instalaciones de la Armada de México, y de esa forma se inhibe su pleno uso por los usuarios reales del muelle como son: los lancheros, pescadores turistas y población en general.

La susodicha zona del muelle llamada patio de maniobras, actualmente está sobre saturada de obstáculos y de construcciones de la Armada y con la colocación de la estatua de Azueta, se reducen aun más los espacios disponibles. Hay que pensar que ocasionalmente por ese lugar tienen que ingresar vehículos a la playa para realizar algún trabajo, y para varar o botar alguna embarcación.

Ahora analizando un poco las cosas, consideramos que el lugar adecuado (ad hoc) para colocar la estatua de José Azueta,  debe ser la explanada del Ayuntamiento, ya sea en la parte interior o afuera, frente a la entrada principal donde estaba la parota.

Lo único recomendable para moderar la agresividad y belicosidad que emana, habría que modificarse la escultura, es decir, retirarle el arma y solamente conservar la figura de la persona.

¡Auh in ye yuhqui! (Así las cosas…)

Por Sige Amaro Juárez

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